
Tras una dura despedida de Australia y de todos los amigos que dejé allí era hora de regresar a España, pero antes de regresar tras 7 meses fuera hice una parada de 5 días en Singapur, una ciudad-estado impresionante.
Situada al sur de la península Malasia, justo al norte de la línea del ecuador, puedo decir sin temor a equivocarme que es una de las ciudades más modernas del mundo.

Singapur se ha convertido en uno de los mayores centros financieros del mundo gracias a su situación geográfica (es una de las puertas de Asia) y, sobre todo, a la gran multiculturalidad del país, con raíces chinas, malayas e indias y los restos de su época de colonia británica (lo que hace que todo el mundo hable inglés).
En la ciudad ya no queda nada de la época en la que era un maloliente nido de piratas (ya se encargaron los ingleses de hacer desaparecer esa época), siendo ahora su eslogan no oficial “Singapore, fine city”, jugando con el doble sentido de la palabra fine (significa magnífica y multa), ya que es una ciudad encantadora y a su vez una de las que cuenta con unas multas más altas de los países desarrollados.

En Singapur está prohibido escupir en la calle (más de 500€ de multa), superar el límite de velocidad (2500€ de multa), la piratería (5000€), tirar basura al suelo (mínimo de 500€), “incordiar” a alguien en bares/discotecas (2500€) e incluso comer chicle está multado (500€). Por supuesto eso sin hablar de que introducir droga en el país conlleva la pena de muerte.
Sí, las normas del país quizá sean excesivas, pero gracias a ello Singapur es una ciudad limpísima en la que no se ve ni un papel en el suelo, ni chicles pegados para siempre en las aceras, ni huele a meado en las esquinas, y el índice de delincuencia es bajísimo en comparación con los países de alrededor. La verdad, en un país en el que alrededor del 75% de la gente es de ascendencia china, el 15% malayos y el resto indios (y ninguna de las tres es famosa por ser sociedades en las que prime la limpieza y el orden), es curioso ver como todo funciona a la perfección en Singapur.

Y aunque ya lo he comentado de “refilón”, he de incidir en el tema del idioma, ya que es una maravilla que en un país asiático todo el mundo hable un inglés casi perfecto (hay de todo, por supuesto). Ésto es gracias a que en las escuelas de Singapur los alumnos deben aprenden dos idiomas desde que empiezan, el inglés y otro a su elección entre chino mandarín, malayo o indio (aunque no seas de ninguna de esas etnias debes aprender uno de ellos), todos ellos idiomas oficiales.

Pasando a otra cosa, he de decir que la humedad de la ciudad es brutal, algo que se nota muchísimo si no estás acostumbrado a un clima así (vamos, que se suda a chorros). Quizá por esta humedad y sensación de calor (pese a que no se suele pasar de los 30º) es por lo que Singapur es una de las ciudades con mayor número de centros comerciales del mundo, y es que el aire acondicionado de los mismos se agradece.
Pero no solo podrás encontrar centros comerciales en Singapur (los cuales son dignos de visita, y es que muchos de ellos son maravillas arquitectónicas), también encontrarás zonas de ocio donde tomar unas copas (zonas que poco tienen que envidiar a las de cualquier ciudad occidental), mercados típicos en los que comer por menos de 3€, templos de gran variedad de religiones o edificios hiper-modernos creados por los mejores arquitectos del mundo.

Singapur es una ciudad que todo el mundo debería visitar al menos una vez en la vida, así que ya sabes, si te diriges a Asia u Oceanía no olvides pasar cuatro o cinco días en Singapur.
Por lo demás, aquí acaba mi aventura “overseas”, aunque espero que no sea la última. Nos vemos “as soon as possible”.








































































