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Tras una dura despedida de Australia y de todos los amigos que dejé allí era hora de regresar a España, pero antes de regresar tras 7 meses fuera hice una parada de 5 días en Singapur, una ciudad-estado impresionante.

Situada al sur de la península Malasia, justo al norte de la línea del ecuador, puedo decir sin temor a equivocarme que es una de las ciudades más modernas del mundo.

Singapur se ha convertido en uno de los mayores centros financieros del mundo gracias a su situación geográfica (es una de las puertas de Asia) y, sobre todo, a la gran multiculturalidad del país, con raíces chinas, malayas e indias y los restos de su época de colonia británica (lo que hace que todo el mundo hable inglés).

En la ciudad ya no queda nada de la época en la que era un maloliente nido de piratas (ya se encargaron los ingleses de hacer desaparecer esa época), siendo ahora su eslogan no oficial “Singapore, fine city”, jugando con el doble sentido de la palabra fine (significa magnífica y multa), ya que es una ciudad encantadora y a su vez una de las que cuenta con unas multas más altas de los países desarrollados.

En Singapur está prohibido escupir en la calle (más de 500€ de multa), superar el límite de velocidad (2500€ de multa), la piratería (5000€), tirar basura al suelo (mínimo de 500€), “incordiar” a alguien en bares/discotecas (2500€) e incluso comer chicle está multado (500€).  Por supuesto eso sin hablar de que introducir droga en el país conlleva la pena de muerte.

Sí, las normas del país quizá sean excesivas, pero gracias a ello Singapur es una ciudad limpísima en la que no se ve ni un papel en el suelo, ni chicles pegados para siempre en las aceras, ni huele a meado en las esquinas, y el índice de delincuencia es bajísimo en comparación con los países de alrededor.  La verdad, en un país en el que alrededor del 75% de la gente es de ascendencia china, el 15% malayos y el resto indios (y ninguna de las tres es famosa por ser sociedades en las que prime la limpieza y el orden), es curioso ver como todo funciona a la perfección en Singapur.

Y aunque ya lo he comentado de “refilón”, he de incidir en el tema del idioma, ya que es una maravilla que en un país asiático todo el mundo hable un inglés casi perfecto (hay de todo, por supuesto).  Ésto es gracias a que en las escuelas de Singapur los alumnos deben aprenden dos idiomas desde que empiezan, el inglés y otro a su elección entre chino mandarín, malayo o indio (aunque no seas de ninguna de esas etnias debes aprender uno de ellos), todos ellos idiomas oficiales.

Pasando a otra cosa, he de decir que la humedad de la ciudad es brutal, algo que se nota muchísimo si no estás acostumbrado a un clima así (vamos, que se suda a chorros).  Quizá por esta humedad y sensación de calor (pese a que no se suele pasar de los 30º) es por lo que Singapur es una de las ciudades con mayor número de centros comerciales del mundo, y es que el aire acondicionado de los mismos se agradece.

Pero no solo podrás encontrar centros comerciales en Singapur (los cuales son dignos de visita, y es que muchos de ellos son maravillas arquitectónicas), también encontrarás zonas de ocio donde tomar unas copas (zonas que poco tienen que envidiar a las de cualquier ciudad occidental), mercados típicos en los que comer por menos de 3€, templos de gran variedad de religiones o edificios hiper-modernos creados por los mejores arquitectos del mundo.

Singapur es una ciudad que todo el mundo debería visitar al menos una vez en la vida, así que ya sabes, si te diriges a Asia u Oceanía no olvides pasar cuatro o cinco días en Singapur.

Por lo demás, aquí acaba mi aventura “overseas”, aunque espero que no sea la última.  Nos vemos “as soon as possible”.

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Aproximadamente a una hora de Brisbane tenemos la Gold Coast, la que fue mi penúltima parada antes de regresar a España.  ¿Os imagináis si juntásemos el gentío de Benidorm, la fiesta de Salou, el clima de las Canarias y las playas de Huelva? Pues la mezcla podría ser algo muy parecido a la Gold Coast.

Éste curioso lugar podría ser descrita como el Miami australiano, es decir, una zona costera con buen clima todo el año, llena de buenas playas, cientos de hoteles y apartamentos y toda una red de servicios para el turista que no encontraremos en ningún otro lugar de Australia.

Y aunque la zona de la Gold Coast se llena masivamente de gente durante el verano, yo tuve la oportunidad de visitarla en invierno, temporada baja, con lo que la cantidad de gente era muchísimo menor y aún así pude disfrutar de todos los servicios de los que este área dispone.

Como he comentado anteriormente, Gold Coast tiene un entramado de servicios para el turista asombroso, desde empresas de transporte (bien baratas) que te recogen en la puerta de tu hotel y te llevan donde tú quieras, hasta un buen puñado de parques temáticos (Movie World, Seaworld, Wet’n’Wild, Dreamworld…), pasando por multitud de excursiones a diversas zonas de los alrededores (reservas de koalas, avistamiento de ballenas, paseos en helicóptero…) o la posibilidad de poder practicar un buen puñado de deportes acuáticos, entre los que destacan el surf y el submarinismo.

Pero no hay que asustarse con lo de que en temporada alta la Gold Coast se llene de gente, y es que esto sigue siendo Australia, y como tal la extensión de terreno es enorme y no hay tanta aglomeración de gente en un mismo sitio.

Aunque los hay, no verás demasiados edificios altos (en comparación con Benidorm o similares, aquí sigue habiendo mucha casa baja), tampoco hay problemas para ir en familia (las zonas de fiesta están en un área muy limitada y saliendo de ahí no hay mucho problema) y en cuanto a temperatura no se suele subir de los 30 grados en verano ni bajar de los 12 en invierno.

En definitiva, un buen sitio para unas pequeñas vacaciones si estás en Australia en el que encontrarás de todo para disfrutar y no parar si tú no quieres.

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Antes de abandonar Australia me dio tiempo a visitar una de las áreas del país que más ganas tenía de ver, la parte sureste de Queensland, lugar en el que se encuentra la ciudad de Brisbane y el área de la Gold Coast (a la que le dedicaré un post más adelante).

En cuanto a la ciudad de Brisbane, con unos dos millones de habitantes se sitúa como la tercera más poblada de Australia (y, sin duda alguna, la más “australiana” de las tres), pero al contrario de estas, la vida en Brisbane es mucho más apacible y tranquila.  Esta tranquilidad, sumada a la perfecta temperatura sub-tropical de la ciudad (con temperaturas máximas de unos 30º en verano y mínimas de 10º en invierno), convierten a Brisbane en un lugar casi perfecto.

Aunque Brisbane no está situada en la costa (aunque tan solo hay que conducir 20 minutos desde el centro para llegar al mar), la ciudad se extiende a través del río Brisbane, el cual serpentea por toda la ciudad y junto al cual podemos encontrar zonas de ocio, grandes puentes y un magnífico jardín botánico (eso sí, muchísimo más pequeño que el de Sydney).

Hasta finales de los 80 el borde del río Brisbane estaba ocupado por numerosas industrias, pero tras su nombramiento como sede de la Exposición Universal en el 88, decidieron reconvertir toda esta zona en un espacio de ocio en el que ahora se sitúan museos, bares y restaurantes, jardines y hasta una playa artificial que se puede disfrutar prácticamente todo el año (justo cuando yo fui sólo estaba abierta una pequeña parte de dicha playa).

Pero no solo esos fueron los cambios de la ciudad en las últimas décadas, y es que el magnifico clima también acompaña a la hora de hacer deporte, por lo que toda la rivera del río se ha “peatonalizado” para que tanto usuarios a pié como ciclistas puedan recorrer un buen puñado de kilómetros sin la molestia de los vehículos a motor.  Durante las tardes podremos ver cientos de personas recorriendo estos caminos haciendo footing, ciclismo, o incluso escalada en el rocódromo habilitado en una de las zonas que bordean el río.

Brisbane es una ciudad limpia (al menos el centro de la ciudad), tranquila y de visita obligada (con un par de días hay de sobra para verla completamente), por lo que si tenéis la oportunidad de ir por la Gold Coast (al sur de Brisbane) o la Great Barrier Reef (al norte) no debéis iros sin verla.

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Ahora que el Mundial de Fútbol se ha terminado, ¡¡¡y que somos campeones!!!, es el momento de contaros como se vive un mundial fuera de tu país, en este caso viviéndolo en la otra punta del mundo.

Aunque ya comenté en otro post que Australia no es un país muy futbolero, la verdad es que la cobertura que le han dado al mundial ha sido muchísimo mejor de lo que me esperaba.  Mientras que en otros lugares se conformarían con emitir los partidos de su selección (y si quieres el resto a pasar por caja), aquí se han emitido en un canal gratuito absolutamente todos los partidos, con programas especiales para la ocasión e incluso convirtiéndose el mundial en noticia de portada todos los días.

La mayoría de bares de Sydney decidieron dar una amplia cobertura emitiendo todos los partidos, decorando para la ocasión con banderas de todos los países participantes e incluso con descuentos en las bebidas durante los partidos.  Hasta los cines habilitaron salas para ver algunos partidos en 3D y el Casino emitió todos los partidos en su sala de deportes (algo así como una sala de cine pero totalmente gratuita).  Y todo esto pese a que la mayoría de partidos (incluida la final) eran a las 4:30 de la madrugada.

Además, gracias a un acuerdo entre la ciudad y la FIFA (y varios sponsors, por supuesto), en Sydney se celebró el FIFA Fan Fest, acondicionando Darling Harbour (una de las zonas más concurridas y con más ambiente de la ciudad) con pantallas gigantes donde ver los partidos, conciertos, y varias actividades relacionadas con el mundial.

Desde días antes de comenzar el mundial hasta que Australia cayó eliminada la ciudad de Sydney se llenó de las banderas amarillas y verdes de los Socceroos (como llaman aquí a la selección Australiana, una mezcla de soccer y kangaroo).  Los partidos de Australia eran seguidos por miles de personas, con Darling Harbour y todos los bares a rebosar de gente.  También es cierto que cuando los socceroos cayeron eliminados el ambiente bajó un poco, pero no desapareció.

Como decía, el ambiente no desapareció cuando Australia fue eliminada, y es que dado que Sydney es una ciudad con una cantidad de extranjeros realmente alta, no era difícil encontrar gente viendo sus respectivos partidos en cualquier lugar.  La gran cantidad de italianos, japoneses, brasileños, holandeses, coreanos, alemanes e ingleses que pueblan la ciudad animaban las calles del centro los días de partido.

¿Y en cuanto a los españoles? Pues pese al frío (es el año más frío en Sydney en décadas) y en ocasiones lluvia, ahí estábamos en Darling Harbour animando a la selección (he de confesar que algún partido sí que me quedé a verlo en casa).  Pintados con los colores de la selección (ya que compramos un par de botes de pintura corporal, los cuales tuvieron bastante éxito), con camisetas y bufandas de La Roja vimos como España conseguía el título por primera vez en la historia.

Y como apunte personal, lo cierto es que le deja a uno sentimientos encontrados esto de ver el mundial lejos de España.  En primer lugar te deja mal sabor ya que no lo has podido vivir con tu familia y amigos, ver en directo las celebraciones en las calles y participar en ellas.

Además la final no la he visto en Sydney, sino que ese mismo día llegué a Brisbane, una ciudad que pese a ser una maravilla, no tiene ninguna cultura de fútbol. Me costó horrores encontrar un buen lugar donde poder ver el partido (al final encontré un bar que emite todos los partidos y lo vi rodeado de holandeses y un puñado de españoles con los que al menos tuve una mini-celebración).  Volver a casa tras el partido (a las 7 de la mañana) y ver como la gente iba a sus correspondientes trabajos sin dar importancia a la victoria (ni un amago de sonrisa ni un “congratulations” cuando nos veían a los españoles con banderas, bufandas o camisetas…) pues es algo desolador.

Pero por el lado positivo, pensar que este mundial no se me olvidará nunca, será el mundial que viví en la otra punta del mundo, algo difícil de olvidar.  Pensar que vivir fuera de España un mundial te hace darte cuenta de lo estúpido que es la típica mezcla de fútbol y política que tanto se da en nuestro país y que hace que en muchos lugares de España uno no pueda salir a la calle a celebrar una victoria de la selección sin sentirse amenazado, o que en esos lugares no puedan levantar mucho la voz cuando alguno de nuestros jugadores marca un gol vaya que el vecino piense que eres un “facha”.  Todos los países tienen sus problemas internos, algunos mucho mayores que los nuestros, pero todos y cada uno de ellos saben que esos problemas han de guardarse en un cajón durante un mes cada cuatro años para animar a su selección sobre todas las cosas.

Una de las visitas obligatorias para los visitantes de Sydney (siempre y cuando vengas con tiempo suficiente) es Palm Beach, el suburbio costero más al norte de la ciudad de Sydney (a unos 40Km del centro de la ciudad, una hora en autobús).  Pero lo que hace especial a Palm Beach es que el lugar es una pequeña península bordeada por el Mar de Tasmania en el este y Pittwater (una extensión del Pacífico que prácticamente forma un lago) en el norte y el oeste.

Al norte de la playa de Palm Beach está situado, a unos 100 metros de altura, el faro de Barrenjoey, un lugar perfecto para visualizar toda la zona de Palm Beach gracias a su altitud.  Pero no solo es un buen sitio para ver Palm Beach, en esta época es el lugar perfecto para observar ballenas desde tierra, y es que el Mar de Tasmania es lugar de paso de estos cetáceos y la vista desde la zona del faro es perfecta.

Para los amantes de la naturaleza, del senderismo a pequeña escala y de las buenas vistas Palm Beach es un lugar perfecto.

Ayer fue el último día del festival VIVID por lo que decidí acercarme a tomar las últimas fotos del evento, en esta ocasión desde lo alto del Harbour Bridge.  Cientos de fotógrafos y miles de personas de todas partes se han congregado durante estas cuatro semanas en las cercanías de la Ópera y de Macquarie Street para tomar instantáneas de este genial espectáculo.

Me quedo con ganas de visitar el evento The Rocks Fire Waters, donde las luces se centraron en un espectáculo al estilo Bollywood con la Ópera House de fondo, pero por enfermedad (es lo que tiene esta época del año) me resultó imposible acudir al evento.

Pero esto no es todo, en tres días empieza un nuevo evento en la ciudad, el Sydney Alpine Winter Festival, y dado que se celebra a 5 minutos de mi casa tened por seguro que allí estaré.

Si en el anterior post os mostraba la Ópera House “vestida” para la ocasión del festival Vivid, ahora le toca el turno a otros pocos edificios que también participan en este evento.

Todos los edificios tienen en común que se encuentran en la calle Macquarie, calle cuyo nombre homenajea a Lachlan Macquarie, gobernador de Nueva Gales del Sur entre 1810 y 1821 y considerado uno de los padres de Australia.  Él fue el creador de los primeros edificios públicos en Sydney, entre los que se encuentran muchos de los que podemos encontrar en su calle (como el Sydney Hospital o los Hyde Park Barracks).

Además de los creados por el propio Macquarie también podemos encontrar otros importantes edificios como la Librería de New South Wales, la Casa del Parlamento o el Conservatorio de Música de Sydney.

Desde hoy hasta el 21 de Junio se celebra en Sydney un festival de luces, música e ideas, el VIVID, un festival cuyo plato principal es que se iluminan con diferentes temáticas los edificios más importantes de la ciudad, entre los que no podía faltar la Casa de la Ópera.

Aquí os muestro alguna de las fotos que he podido hacer a la Opera House con algunos de los temas proyectados sobre ella, los cuales, por cierto, no son imágenes estáticas sino que son vídeos con movimiento.

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El deporte es una de las claves entre la mayoría de ciudadanos de Sydney (y australianos en general), bien sea practicándolos en algún lugar de la ciudad o bien sentándose en el sofá para verlos por televisión.  Y es que la cultura del deporte tras las olimpiadas del 2000 no ha parado de crecer en esta ciudad.

Hoy toca hacer un pequeño repaso a los deportes más practicados/vistos por los ciudadanos de Sydney.

Surf


Si piensas que la gente exagera cuando tilda a Australia como el país de los canguros y el surf estás muy equivocado ya que es totalmente cierto.  De los canguros ya comenté que su población casi duplica a la de personas y en cuanto al surf (que es lo que nos ocupa hoy), la cantidad de gente que lo practica es extraordinariamente alta.

Puedes encontrar surfers de todas las edades en prácticamente cualquier playa de Sydney y en cualquier época del año, e incluso en muchos colegios el surf es uno de los deportes que enseñan a los niños.

Por supuesto el que sea un deporte tan practicado repercute en la calidad de surfistas, siendo australianos los líderes en el ranking mundial de surf (tanto masculino como femenino).

Como nota para darse cuenta de la importancia del surf tan solo hay que fijarse en que todos los autobuses que van cerca del mar tienen un espacio reservado para poner las tablas de surf.

Natación


Otro de los deportes que se practican con asiduidad en Sydney es la natación, otro deporte que se practica desde el colegio hasta altas edades. Tal y como me contaba uno de mis profesores, en muchos colegios del estado de New South Wales (donde se encuentra Sydney) para aprobar educación física en uno de los cursos debías ser capaz de nadar perfectamente en el mar siendo capaz de lidiar con las corrientes.

Y si lo tuyo no es nadar en el mar sino que prefieres la piscina, no es nada difícil encontrar un lugar donde practicarlo. La mayoría de playas existen piscinas públicas de mar salada al aire libre, en la ciudad hay un buen puñado de centros deportivos y además suele haber piscina en muchos de los grandes edificios del CBD (el centro de la ciudad) para el disfrute de los residentes.

En cuanto a nivel profesional, la cantidad de grandes nadadores australianos es enorme y es por ello por lo que tras USA (un país con 15 veces más población) es el país con más medallas en natación en las olimpiadas.

Fútbol Australiano


Esta especie de rugby (los entendidos me podrían matar por esta afirmación ya que en realidad es una variante de nuestro fútbol) tiene la particularidad de jugarse en un campo ovalado y que para anotar un gol se debe hacer golpeando con el pié.

El fútbol australiano es el deporte más seguido en este país y el único con liga profesional.  Pese a ello también hay otros países en los que se practica este deporte (España es uno de ellos, aunque de forma amateur).

Aunque la mayoría de equipos son del estado de Victoria (el estado al que pertenece Melbourne), la ciudad de Sydney cuenta con los Swans, equipo que se ha hecho con la victoria del campeonato en cuatro ocasiones (la última en 2005).

Rugby League


Rugby League es una variante del rugby en la que juegan 13 jugadores por equipo y que cuya principal diferencia del rugby a 15 (que es el que solemos conocer en España) es que, a parte de contar con más jugadores, el juego intenta ser más rápido evitando las agrupaciones cuando alguien es derribado (es decir, tras un placaje, si el jugador mantiene la pelota en sus manos ese equipo seguirá teniendo la posesión y el “placador” se tendrá que retirar de la jugada).

El rugby league es seguido en muchos países, entre los que destacan Inglaterra (sobre todo en el norte), Nueva Zelanda, Papua Nueva Guinea, el sur de Francia y, por supuesto, Australia, donde es el segundo deporte más seguido.

Al contrario del fútbol australiano, el rugby league predomina en el estado de New South Wales, donde tan solo en la ciudad de Sydney hay 10 equipos que juegan en la liga australiana.  Pese a ello el último ganador de la última liga fue el equipo de Melbourne, aunque ha sido despojado de su título ya que el pasado mes de abril se descubrió que pagaban dinero “en negro” a sus jugadores para así poder saltarse las limitaciones salariales que impone la liga.

Críquet


En verano los Australianos no solo van a la playa a hacer barbacoas, también es época de críquet, un deporte que por raro que parezca es muy jugado por gente de todas las edades (no es difícil ver señoras con unos cuantos años a sus espaldas practicándolo).

Una de las mayores curiosidades sobre el cricket para los que no lo conocemos es que un partido puede durar entre uno y cinco días (dependiendo del tipo de partido) en los que se juega nada menos que 6 horas diarias (dos antes de la comida, dos después de la comida y otras dos tras la hora del té).

El equipo nacional australiano ha sido el ganador de los tres últimos campeonatos del mundo, superando a países como India o Pakistán donde el críquet es deporte nacional y es deporte de masas.

Netball


Otro de los deportes a los que no estamos acostumbrados en España pero que en Australia es muy común es el Netball, un deporte al estilo del baloncesto con la salvedad de que las canastas carecen de tablero y que los jugadores no pueden moverse de la posición cuando tienen el balón en las manos.

En Australia, como en la mayoría de países donde se practica, el netball es un deporte practicado mayoritariamente por mujeres, aunque también hay alguna variante para niños.

En cuanto a nivel profesional, la liga actual es jugada entre equipos australianos y neozelandeses, por supuesto femeninos, y donde han liderado los equipos de Sydney y Melbourne desde la creación de esta nueva liga hace un par de años.

Y esto no es todo

Pero estos deportes no son los únicos a los que están aficionados los australianos, y es que pese a ser poco más de 20 millones de personas la diversidad de sus gustos es asombrosa.

Por supuesto el fútbol es practicado y seguido en el país, aunque en menor escala que en Europa o Sudamerica.  La liga australiana prácticamente carece de interés y solo se sigue al equipo nacional (y más ahora que está clasificado para el mundial) y, gracias a la gran cantidad de ingleses que viven aquí, la Premier League (que además es la única liga europea que cuida a los espectadores de Asia y Oceanía con horarios “normales” a los que poder verlos).

Por raro que parezca las carreras de caballos tiene cierta importancia en Australia, con páginas y páginas en la sección de deportes de los periódicos.  La razón de ello es simple, y es que a los australianos les encanta apostar.

Tampoco podemos olvidar otros deportes con bastantes seguidores como el golf (aquí se emiten en directo todos los torneos importantes), el tenis y su Open de Australia, el baloncesto (aunque se sigue más la NBA que la propia liga australiana), el triatlón (y el atletismo en general), los deportes de vela o deportes de motor como la NASCAR o la Formula 1 (que pese a contar con un australiano, Mark Webber, liderando el campeonato y un circuito en el campeonato, no es que sea un deporte con una gran masa de seguidores).

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El pasado domingo, 25 de abril, era día nacional tanto en Australia como en Nueva Zelanda, y es que este día se celebra en ambos paises el Anzac Day.

¿Y qué es el Anzac Day? Pues el Anzac Day es una conmemoración en la que se honra a los soldados que pertenecieron al ANZAC (Australian and New Zealand Army Corps), los cuales lucharon en la dura Batalla de Gallipoli (Turquía) durante la Primera Guerra Mundial.

Y aunque el Anzac Day comenzó como recuerdo a esos soldados, en la actualidad también sirve para recordad a todos los soldados que lucharon y murieron por estos dos países.

Durante este día, en las principales ciudades del país, se celebran marchas en las que participan veteranos de guerra, militares de servicio y cadetes así como cuerpos aliados de otros países que han colaborado con las fuerzas Australianas en diferentes guerras.  También participan otros grupos uniformados como los Scouts o incluso grupos de descendientes de soldados.  Tanto veteranos como descendientes de estos soldados lucen con orgullo sus medallas obtenidas por sus servicios.

No solo en Australia y Nueva Zelanda se celebra este día, las conmemoraciones recorren decenas de países que van desde Turquía (con una solemne celebración en el lugar de la batalla) hasta Tailandia pasando por Canada, Inglaterra o Francia.  Países aliados de Australia o donde las fuerzas del Anzac participaron en alguna de sus batallas.

Pero en el Anzac Day no son todo marchas y conmemoraciones solemnes, y es que este día se celebra de muchas maneras diferentes.

Dado que los soldados que participaron en las diferentes guerras solían celebrar en sus países de destino partidos de fútbol australiano y rugby league, es normal que una de las formas de celebrar el Anzac Day sea mediante un partido de Fútbol Australiano entre los equipos de Collingwood y Essendon, uno de los partidos más seguidos del año con cerca de 100.000 espectadores en las gradas y en el que se otorga la Medalla de Anzac al jugador que ejemplifique mejor los valores del Anzac (coraje, habilidad, juego limpio…).  Otra de las celebraciones es mediante el partido de Rugby league (rugby 13) entre los Sydney Roosters y el St. George Dragons.

También los juegos de azar son una forma de rendir homenaje a los soldados, y es que el Anzac Day es el único día del año en el que se rompen las estrictas normativas contra los juegos de azar que existen en la mayoría de estados australianos para permitir jugar en cualquier pub a uno de los clásicos juegos australianos, el Two-up.  El juego consiste en tirar dos monedas al aire y apostar sobre si saldrán dos caras, dos cruces o una de cada.  Sin duda la simpleza de sus reglas y la única necesidad de tener un par de monedas lo convertían en un juego perfecto para pasar el tiempo entre los soldados.

Otra de las celebraciones no-tan-solemnes es el gunfire breakfast, un desayuno consistente en café y ron que al parecer era muy común entre los soldados del Anzac.

En definitiva, un día en el que conocer un poco más de la historia de este país.